Pasionaria: fe, creencia.Muerdago: triunfo sobre obstáculos
Iris Azul: Noticias placenterasLis: Llama, esperanza, ayuda total. belleza perfecta

Romero: entusiasmo, optimismo.Un sueño que al fin brota, una flor que crece...
"Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas" Mafalda.
Pasionaria: fe, creencia.
Iris Azul: Noticias placenteras
Romero: entusiasmo, optimismo.



-¿Cómo sé si estoy en el camino indicado?, le pregunté
-Y me dijo algo así como:
Lo que tú piensas que son posibilidades en realidad no son más que sueños. Lo que debes hacer para que sean más que eso es ver si son factibles para tu situación, y no quedarse pensando en lo que podrían o no ser de verdad.
En resumen, llevar a la práctica las ideas es la única forma de saber si son posibilidades reales en vez de meros sueños.
Cuando le conté que igual había buscado información por la red y que había visto que mis características no me ayudaban mucho:
-Por internet NO! Es tan virtual como la idea que tienes! Me retó.
Tarea para la casa, investigar si la idea que tengo es posible, sino tomar otra idea y hacer lo mismo, al final alguna tendrá que servir como camino.
Cómo dicen los actores antes de entrar a escena: ¡MIERDA MIERDA MIERDA!
Por lo que pasó, por el miedo de mi mamá a lo que le conté, después del impulso inconsciente que me dio la Fran. El psiquiatra, la psicóloga y sus manchas, llegaron a conclusiones similares a las que ya tenía sobre mí, sobre el por qué de mis errores.
Fuerte que te lo diga un extraño, fuerte que te recomienden terapia. Vas por algo superfluo y se dan cuenta que en el fondo hay muchas otras cosas, tu vida entera, un ovillo mental.
22 años, pero siento y reacciono como niña de 7, a lo más de 10.
Escudo emocional, te haces dura externamente, todo por no sufrir, sufres a solas, sufres en exceso, te paralizas, no reaccionas cuando debes.
El asunto es que pronto iré a terapia.
Imagen de Marisa MaestreEl Quijote me dio la respuesta.
Parece que es mejor entregarse por completo a la fe.
Por muy absurdo que le parezca a la razón la idea que tengo ahora para mi vida, entregarme a la locura, que implica tener fe en que llegaré a la meta, es la única manera efectiva para que los miedos de la razón no me terminen por convencer de que es mejor conformarse con un resultado indeseado, fracasar, morir.
Las psicólogas de bachillerato tenían razón. Ellas no querían en un principio recomendarme para medicina por mi exceso de sensibilidad, yo mal interpreté lo que ellas dijeron, no se trataba de ponerme a llorar con el paciente por su enfermedad y quedar congelada sin hacer nada. Resulta que se me hace bastante difícil controlar las emociones de la vida de lo académico, se trataba entonces de que no tengo que dejar que estas emociones arruinen mi trabajo, mi ánimo y sobre todo me dejen sin motivación.
Ahora que pasé por todo eso lo comprendo y estoy en vías de repararlo.
No me quedaba más que volver a empezar, pero a diferencia de esa vez que estudié como nunca, en esta ocasión me dediqué a quejarme por los hechos, porque de alguna forma sentía que había puesto todo mi esfuerzo consiguiendo tan horrendo resultado.
A menudo pensaba si valía la pena trabajar por algo si las cosas no salían como uno esperaba.
9 meses de dormir, llorar, reprocharme lo torpe de mis actos, era yo y mi lado perdedor, conformidad, resignación.
No sé por qué me dejaron con la intriga de lo que me pasaría todo el verano.
Ya en marzo y estando incluso matriculada y con algunas clases nuevas en mi cerebro (por una no despreciable suma de $400mil) recibí lo que en las empresas llaman el sobre azul (del despido).
Acudí a la ayuda del hermano abogado de una compañera para redactar mi apelación por una 3ª oportunidad.
Todo el mes tramitando por esa preciada chance y finalmente el decano, prestigioso médico con fama de buen samaritano, me hizo pensar que me la daría, “voy a conversar tu caso a ver si podemos hacer algo” pero todo quedó en falsa esperanza. Era mejor que me dijera directo a la vena que no me la darían.
Abril, mala fecha para pedir transferencia de universidad, las clases habían comenzado hace un mes y ese es un trámite que se hace en diciembre. Por fin, hice caso de los consejos que me dieron.
“La que fue mi escuela de medicina”, esa oración sonaría hermosa si tuviera en este instante el título en las manos, pero lo que sucedió, como burla del destino, más bien batazo en la cabeza, fue que mi yo mediocre, ese que no tiene motivación para recorrer los caminos que llevan a la ansiada meta, se manifestó.
De las 11 asignaturas que cursaba aprobé 9, reprobé una anual que daría al año siguiente y una semestral que terminó por matarme cuando acepté repetir en un mes, durante lo que debieron ser mis vacaciones.
Una tía con cáncer, mi mamá diciéndome que me fuera con mi papá a viña porque no sabía que yo tenía clases (error nº1 no contarle).
El día que mi tía fallece justo antes de la última prueba de la asignatura pensé demasiado, lo frágil de la vida y yo con tanta cosa que decirle a mi primer amor, así que le busqué (error nº 2 mezcla de emociones fuertes). Había enseñado antes la materia de la prueba a mi compañera que pasó el ramo en la primera oportunidad, así que además repasé bastante poco (error nº 3 exceso de confianza).
Es obvio, reprobé.

Siempre estoy pensando en lo que fue o en lo que será ¿cómo hacer para tener al fin una vida? Y no me refiero a recuerdos o a aspiraciones para el futuro, sino que al presente, que aunque ya se fue apenas terminé de escribir la última vocal de cada palabra, está, y me invita a vivirlo no a sobrevivirlo en base a existir para recordar o planificar.
Es bastante complicado aceptar la invitación del presente cuando estas involucrada en una parte de tu vida que comenzó después del fracaso.