martes, 30 de septiembre de 2008

Celos


No es envidia porque esta se siente por cosas que el otro tiene y uno sabe que nunca tendrá, yo siento celos, porque algún día espero ser como ella.

Hoy la volví a ver en la calle después de tres años.
Ella siempre radiante, sonriente, irradia plenitud y belleza.
La conocí en mi camino de bachiller (2004) peleando por un cupo para medicina. Ella ya estaba en primer año de la carrera.
Ambas fuimos parte de la inauguración de la rama de karate de la universidad, las primeras mujeres, las primeras campeonas regionales. Ella ganó el premio a mejor deportista femenina universitaria de la región 2007, yo con suerte muevo los dedos para escribir en el teclado estas palabras.
Ambas tenemos la misma edad, pero ella ya debe estar en 5º año de medicina, yo aún no sé cómo volver a la carrera.

lunes, 29 de septiembre de 2008

La fe ciega llama a la pereza

Pensamientos medievales, sí, tanta fe lleva a la inmovilidad.
Otra vez razón v/s fe.
¿Alguien tiene la fórmula para no pensar tanto en pro y contra y actuar de una vez?

jueves, 25 de septiembre de 2008

“Morir cuerdo, vivir loco”



El Quijote me dio la respuesta.

Parece que es mejor entregarse por completo a la fe.

Por muy absurdo que le parezca a la razón la idea que tengo ahora para mi vida, entregarme a la locura, que implica tener fe en que llegaré a la meta, es la única manera efectiva para que los miedos de la razón no me terminen por convencer de que es mejor conformarse con un resultado indeseado, fracasar, morir.

"Caminante no hay camino, se hace camino al andar"

"El final del camino es lo que tú construyes"
Montones de frases similares, pero ninguna te dice cómo encontrar, o cuál es, la medida exacta entre razón y fe. La primera para no perderse, pero de la que no se requiere tanta, para no contradecir la segunda, que es demasiado necesaria para llegar sin ver.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Detección del problema


Las psicólogas de bachillerato tenían razón. Ellas no querían en un principio recomendarme para medicina por mi exceso de sensibilidad, yo mal interpreté lo que ellas dijeron, no se trataba de ponerme a llorar con el paciente por su enfermedad y quedar congelada sin hacer nada. Resulta que se me hace bastante difícil controlar las emociones de la vida de lo académico, se trataba entonces de que no tengo que dejar que estas emociones arruinen mi trabajo, mi ánimo y sobre todo me dejen sin motivación.

Ahora que pasé por todo eso lo comprendo y estoy en vías de repararlo.

Ansiedad


Lo poco que estuve en medicina, me sentí una persona plena, por mucho que rezongara por el poco tiempo de ocio y sueño que se tenía versus la cantidad de pruebas que se daban. Todo era parte de la aventura que significaba recorrer el camino a la meta.

Dicen que no es malo que esté ahora en kinesiología, incluso yo misma me había convencido de aquello, porque está en el área de salud.
Pensaba en terminar como kinesióloga y después entrar a terminar medicina, pero por alguna razón me siento como en el camino equivocado, cosa que resulta en exceso desesperante. Me di cuenta de aquello cuando fui al psiquiatra (aunque por otro motivo) y él me dijo: ¡qué haces en kinesiología si quieres estudiar medicina!

lunes, 15 de septiembre de 2008

En el Abismo


No me quedaba más que volver a empezar, pero a diferencia de esa vez que estudié como nunca, en esta ocasión me dediqué a quejarme por los hechos, porque de alguna forma sentía que había puesto todo mi esfuerzo consiguiendo tan horrendo resultado.

A menudo pensaba si valía la pena trabajar por algo si las cosas no salían como uno esperaba.

9 meses de dormir, llorar, reprocharme lo torpe de mis actos, era yo y mi lado perdedor, conformidad, resignación.

Sobre azul



No sé por qué me dejaron con la intriga de lo que me pasaría todo el verano.
Ya en marzo y estando incluso matriculada y con algunas clases nuevas en mi cerebro (por una no despreciable suma de $400mil) recibí lo que en las empresas llaman el sobre azul (del despido).

Acudí a la ayuda del hermano abogado de una compañera para redactar mi apelación por una 3ª oportunidad.

Todo el mes tramitando por esa preciada chance y finalmente el decano, prestigioso médico con fama de buen samaritano, me hizo pensar que me la daría, “voy a conversar tu caso a ver si podemos hacer algo” pero todo quedó en falsa esperanza. Era mejor que me dijera directo a la vena que no me la darían.

Abril, mala fecha para pedir transferencia de universidad, las clases habían comenzado hace un mes y ese es un trámite que se hace en diciembre. Por fin, hice caso de los consejos que me dieron.

Camarón que se duerme se lo lleva la corriente


“La que fue mi escuela de medicina”, esa oración sonaría hermosa si tuviera en este instante el título en las manos, pero lo que sucedió, como burla del destino, más bien batazo en la cabeza, fue que mi yo mediocre, ese que no tiene motivación para recorrer los caminos que llevan a la ansiada meta, se manifestó.

De las 11 asignaturas que cursaba aprobé 9, reprobé una anual que daría al año siguiente y una semestral que terminó por matarme cuando acepté repetir en un mes, durante lo que debieron ser mis vacaciones.

Una tía con cáncer, mi mamá diciéndome que me fuera con mi papá a viña porque no sabía que yo tenía clases (error nº1 no contarle).

El día que mi tía fallece justo antes de la última prueba de la asignatura pensé demasiado, lo frágil de la vida y yo con tanta cosa que decirle a mi primer amor, así que le busqué (error nº 2 mezcla de emociones fuertes). Había enseñado antes la materia de la prueba a mi compañera que pasó el ramo en la primera oportunidad, así que además repasé bastante poco (error nº 3 exceso de confianza).

Es obvio, reprobé.

El que la sigue la consigue


Al final de la etapa escolar tenía un promedio de notas poco útil para entrar a la carrera de medicina y mi puntaje en la prueba de admisión no fue suficiente.
Entré a bachillerato en ciencias, una horrible idea de colador a la carrera deseada, una masacre estudiantil, que de todas formas me enseñó muchas cosas.

Segundo semestre de ese año, después de entrar en razón de que no tenía posibilidad de estudiar medicina por ese medio, y luego de rogar a las psicólogas de que me calificaran positivamente para esa carrera (cosa que no querían hacer porque mis test decían que era demasiado sensible para tal trabajo, pero que finalmente hicieron, quizás por lástima, quizás porque las convencí de que no me echaría a morir con los pacientes), me retiré para preparar la prueba de admisión por mi cuenta.

Estudié de una manera que nunca he podido volver a reproducir más que en mi memoria. Aunque mi lado derrotista me decía que no lograría entrar a una universidad tradicional, mi parte positiva me decía: “no sé cómo, pero el próximo año estaré estudiando medicina”.
Así fue.

¿Qué quieres ser cuando grande?


No sé cómo apareció la idea de estudiar medicina, pero recuerdo que tenía como unos 4 años cuando jugaba con un maletín de médico, las muñecas eran sólo para hacer de paciente.

Como a los 7 años de dad mi abuela tuvo un accidente doméstico, se cortó el pie y yo asistí a mi tata, cuando astutamente le vendó la herida para frenar la hemorragia, y aunque sólo serví de ayudante sentí mucha satisfacción con el apoyo prestado.

A eso de los 11 años mi profesor de matemática, asignatura en la que peor me iba, me hizo la pregunta más trillada de la infancia, a lo que respondí que quería ser médico cuando grande. Sin exagerar, ahora me doy cuenta de cuánto influye una respuesta negativa en la psiquis de un niño, y es que la sonrisa burlona que el tipo gesticuló mientras me decía que con las calificaciones que tenía no lo iba a lograr, se me quedó en la memoria hasta convenciéndome del hecho.
Así y todo había algo en mí que me decía “nadie tiene derecho a decirme lo que puedo o no hacer con mi vida”
El tipo tenía razón pero las palabras y los gestos no fueron los indicados.

Vivir v/s Sobrevivir, el presente


Siempre estoy pensando en lo que fue o en lo que será ¿cómo hacer para tener al fin una vida? Y no me refiero a recuerdos o a aspiraciones para el futuro, sino que al presente, que aunque ya se fue apenas terminé de escribir la última vocal de cada palabra, está, y me invita a vivirlo no a sobrevivirlo en base a existir para recordar o planificar.

Es bastante complicado aceptar la invitación del presente cuando estas involucrada en una parte de tu vida que comenzó después del fracaso.