No sé por qué me dejaron con la intriga de lo que me pasaría todo el verano.
Ya en marzo y estando incluso matriculada y con algunas clases nuevas en mi cerebro (por una no despreciable suma de $400mil) recibí lo que en las empresas llaman el sobre azul (del despido).
Acudí a la ayuda del hermano abogado de una compañera para redactar mi apelación por una 3ª oportunidad.
Todo el mes tramitando por esa preciada chance y finalmente el decano, prestigioso médico con fama de buen samaritano, me hizo pensar que me la daría, “voy a conversar tu caso a ver si podemos hacer algo” pero todo quedó en falsa esperanza. Era mejor que me dijera directo a la vena que no me la darían.
Abril, mala fecha para pedir transferencia de universidad, las clases habían comenzado hace un mes y ese es un trámite que se hace en diciembre. Por fin, hice caso de los consejos que me dieron.
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