No me quedaba más que volver a empezar, pero a diferencia de esa vez que estudié como nunca, en esta ocasión me dediqué a quejarme por los hechos, porque de alguna forma sentía que había puesto todo mi esfuerzo consiguiendo tan horrendo resultado.
A menudo pensaba si valía la pena trabajar por algo si las cosas no salían como uno esperaba.
9 meses de dormir, llorar, reprocharme lo torpe de mis actos, era yo y mi lado perdedor, conformidad, resignación.
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