lunes, 15 de septiembre de 2008

El que la sigue la consigue


Al final de la etapa escolar tenía un promedio de notas poco útil para entrar a la carrera de medicina y mi puntaje en la prueba de admisión no fue suficiente.
Entré a bachillerato en ciencias, una horrible idea de colador a la carrera deseada, una masacre estudiantil, que de todas formas me enseñó muchas cosas.

Segundo semestre de ese año, después de entrar en razón de que no tenía posibilidad de estudiar medicina por ese medio, y luego de rogar a las psicólogas de que me calificaran positivamente para esa carrera (cosa que no querían hacer porque mis test decían que era demasiado sensible para tal trabajo, pero que finalmente hicieron, quizás por lástima, quizás porque las convencí de que no me echaría a morir con los pacientes), me retiré para preparar la prueba de admisión por mi cuenta.

Estudié de una manera que nunca he podido volver a reproducir más que en mi memoria. Aunque mi lado derrotista me decía que no lograría entrar a una universidad tradicional, mi parte positiva me decía: “no sé cómo, pero el próximo año estaré estudiando medicina”.
Así fue.

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